Yecla de Este a Oeste: Calle Cruz de Piedra

Simbólica y señera, la Cruz de Piedra marca el inicio de la calle a la que da nombre y es el final de la céntrica calle de La Corredera.

Las fuentes históricas nos hablan de la existencia de esta calle desde mediados del siglo XVII. No obstante esta vía conformaba uno de los accesos a la entonces villa de Yecla y de 1641 data el nombre de la calle Cruz de Piedra. En realidad, la Cruz de Piedra originaria se derribó en 1931 y en 1940 se volvió a levantar en el espacio donde ahora está ubicada, tal y como refieren los profesores Carmen Ortín Marco y Miguel Ortuño Palao en su libro «Las calles de Yecla» (2003).

De manera que el nombre de esta calle se debe a un elemento urbano tan especial para todos los vecinos y habitantes de Yecla. La Cruz de Piedra marcaba también una de las costumbres funerarias de mayor arraigo entre los yeclanos: la despedida de los duelos. Alrededor de la Cruz de Piedra se situaban los dolientes para recibir el pésame por el familiar fallecido, antes de llevar el féretro hasta el cementerio.

En verdad, la anchura y extensión de la calle Cruz de Piedra reflejan aquella condición de camino de entrada a la población y a día de hoy, sigue siendo una artería importante en el trazado urbano de Yecla con gran afluencia de tráfico. De hecho, fue todo un acontecimiento social la instalación de semáforos en esta calle céntrica de la ciudad; baste recordar que hasta la última década del siglo pasado la calle era de dos direcciones y los atascos en los cruces de calle eran constantes y requería la presencia de un guarda urbano que regulara el tráfico, especialmente en las horas punta de salida del trabajo.

Algo más de un kilómetro es la longitud de la calle Cruz de Piedra, que en algunos tramos tiene arbolado en ambas aceras. En este recorrido, hace intersección con las calles Pintor Miguel Palao, San Isidro, Concepción, San Fernando, Zaplana, General Cabanellas, Primero de Mayo, Infante don Juan Manuel, San Rafael y Salzillo, donde finaliza la calle.

Encontramos en esta calle panaderías, floristerías, peluquerías, una barbería, una clínica dental, una farmacia, una zapatería, una óptica, un locutorio, un asadero de pollos, varias tiendas de alimentación, fruterías y pequeños supermercados, también una tienda de alimentación para animales, comercios de ropa y de lencería y estética, asesorías, establecimientos de instalación de fontanería, gas y calefacción, una empresa de construcciones y reformas, negocios de venta y reparación de motocicletas y de artículos de informática, de fabricación e instalación de toldos, de persianas y de ventanas, y un buen número de bares y cafeterías, cuyas terrazas y actividad diaria animan la calle de un extremo a otro.

El desarrollismo urbanístico motivó que a lo largo de la calle Cruz de Piedra se edificasen viviendas de varias alturas, aunque se conservan todavía algunas viviendas unifamiliares cuyas fachadas han sido reformadas; algunas otras muestran el deterioro del paso del tiempo y cuelgan de sus ventanas y rejas el cartel de venta, tras décadas deshabitadas. Destaca asimismo, en la manzana del extremo Este de la calle (la que está en la acera frente al Campo de Fútbol), una sucesión de viviendas construidas en la década de los años 60 del siglo XX, cuya sencillez y uniformidad denota el carácter social de la promoción urbanística que las originó.

No pocos recordarán también que en la calle Cruz de Piedra se instalaron pequeñas industrias y talleres que acentuaron la importancia de esta vía urbana. De todos esos negocios cabe mencionar una empresa de muebles que todavía sigue en activo, pero cuya fábrica originaria estuvo en esta calle: Muebles Lino.

Además de la Cruz de Piedra, hay dos espacios que singularizan esta calle. Están cada uno en un extremo de la calle: uno es el Campo Municipal de Fútbol La Constitución, que ocupa casi la totalidad de la última manzana de la calle (siguiendo la numeración de los inmuebles y viviendas); el otro es la horma, que es el lugar donde se inicia la calle.

La horma es una pequeña zona arbolada, con una escalinata que comunica las calles La Corredera y Hospital, y mediante la cual se salva el desnivel de la calle. Derivada del verbo «ahormar», esta denominación popular yeclana viene a designar el lugar que se adapta y se amolda a la pendiente de la calle, haciéndola adecuada para el tránsito de los viandantes y vehículos.

Los árboles de la horma de la Cruz de Piedra son cobijo de un buen número de pajarillos, cuyos trinos compiten con el sonido del tráfico rodado de la zona, aunque también son motivo de suciedad en las aceras.

Sin embargo, el vecindario valora y aprecia la horma por el asiento de piedra que la recorre de un extremo a otro, teniendo como respaldo una sencilla reja de hierro. La horma de la Cruz de Piedra ha sido, es y seguirá siendo un lugar de descanso en medio de un paseo por la ciudad; un lugar de encuentro con destino a cualquier otra parte; y, de manera especial, es un lugar de reunión, tertulia y chascarrillos para los vecinos, que sobre todo en las noches calurosas de verano siguen saliendo a «tomar el fresco», para conversar, distraerse y hacerse compañía.

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