La importancia de conocer el pasado para comprender el presente y mejorar el futuro es el objetivo de la Ruta de las leyendas yeclanas.
Mediante el recorrido propuesto, el visitante puede conocer la historia y arquitectura de la ciudad, la existencia de personajes ilustres, aspectos culturales, devocionales y gastronómicos, incluso relacionados con la vida, la sociedad y la economía local.
El itinerario de la Ruta de las leyendas de la ciudad de Yecla se sustenta en relatos legendarios, míticos y evocadores y los testimonios que acreditan su existencia que, de generación en generación, han pervivido hasta nuestros días a través de la transmisión oral, con las características del habla yeclana.
Los relatos y leyendas están vinculados a edificios, plazas y espacios públicos de la ciudad. Esta conexión genera una visión única y enriquecedora de la ciudad de Yecla, adentrando al visitante en un recorrido fantástico y sobrecogedor.
Las explicaciones permiten comprender la veracidad o la intencionalidad de algunos de esos hechos sobrenaturales, misteriosos o macabros. Y en otras ocasiones, serán relatos míticos que, situados en el pasado, serán útiles para aprender en un futuro.
La Ruta de las leyendas yeclanas se ofrece para difundir y divulgar el patrimonio oral, y para disfrutar del patrimonio oral, cultural e histórico de manera diferente, novedosa y más atractiva.
La Ruta de las leyendas yeclanas forma parte de la «Ruta lingüística por la ciudad de Yecla», corresponde a la Actuación 12. EJE 3. Transición Digital del PSTD YECLA ES + financiado por fondos NEXT GENERATION-EU, dentro del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia.
RUTA DE LAS LEYENDAS YECLANAS
La ruta se inicia en la Iglesia del antiguo convento de San Francisco. Allí se sitúa la leyenda del condenado que fue recogida por Pascual Giménez Rubio en el libro titulado «Memoria de apuntes para la historia de Yecla», publicado en 1865.
Es esta una de las leyendas más significativas del pueblo de Yecla. ¿Qué pudo tener de verdad? De momento, en el año en que se sitúa la acción no estaba finalizado el templo de San Francisco, cuya obra culminó en 1610. No obstante, se debe tener en cuenta la acogida y la importancia que adquirió la comunidad franciscana durante el siglo XVII. Hasta tal punto que las personas más adineradas que vivían en Yecla solicitaban y daban las dádivas oportunas para conseguir ser enterradas en ese suelo santo.
En este entorno se halla la Ermita de San Roque y el conjunto de San Francisco, con la Iglesia y Capilla y Camarín de la Virgen de las Angustias.

2. Leyenda sobre la Inmaculada Concepción: la Virgen del milagro
Nos trasladamos al Parque de la Constitución. Hay que tener en cuenta que toda esta zona era extramuros de la villa; es decir, estaba a las afueras de la ciudad. En ella había determinadas parcelas con huertas y se concentraban los caminos que llegaban desde otras localidades. Probablemente por aquí vendría la galera que transportaba la imagen de la Virgen, como también llegaban los carros que traían a los endemoniados de pueblos cercanos para que fueran exorcizados en el convento franciscano. En siglos pasados, el temor a Dios y al infierno promovieron relatos que se fueron difundiendo entre los habitantes de este pueblo, lo que ocasionó el origen de leyendas y cuentos populares de gran interés.
La narración de estos hechos milagrosos y sobrenaturales se convirtió en una leyenda que se extendió por todo el contorno geográfico. Esto procuró que se recopilara en un texto escrito por un autor foráneo. La devoción inmaculista caracterizó a los franciscanos y, en esta ocasión, estos hechos promovían ese culto emergente y extendido por toda la Corona española.
El interés patrimonial se centra en el Parque de la Constitución, donde destaca un bello ejemplar de cedro del Atlas, el Palomar y el Monumento Homenaje a La Voluntad, flanqueado por el Teatro Concha Segura.
3. Los misteriosos y milagrosos golpes de San Pascual
Desde el Parque de la Constitución, se comienza a subir por la calle de San Francisco desde donde se va obteniendo una vista general del centro histórico de la ciudad. En la siguiente travesía, giraremos a la izquierda por la calle de San José hasta situarnos frente a la casa que perteneció a la familia paterna del escritor José Martínez Ruiz «Azorín». Esta vivienda solariega se construyó a finales del siglo XVIII con los materiales que, al parecer, se desechaban de las obras de la Iglesia Nueva, según había ido transmitiéndose oralmente. Como edificio añejo, es normal que albergue relatos sobre sucesos misteriosos. En él, como en muchos otros de esta ciudad, se produjo uno de los fenómenos que atemorizaban a los yeclanos.
Los antepasados yeclanos decían que, durante la noche, se escuchaban tres golpes en la puerta. Tres golpes pausados, terroríficos, con un sonido que helaba la sangre en la oscuridad de las habitaciones. En ese momento, quien allí vivía, salía de su alcoba para ir a la puerta y atender la visita inesperada. Sin embargo, al comprobar que no había nadie en la puerta; al asomarse a la calle y mirar a ambos lados, y comprobar que tampoco había nadie la sorpresa comenzaba a convertirse en temor y miedo porque esos golpes, esos tres golpes tenían un significado: algún morador de esa casa iba a morir o había fallecido en esos momentos. Esos eran los golpes de San Pascual Bailón.
En este recorrido, se contemplan algunas casas solariegas conservadas hasta nuestros días. Algunas tienen un escudo nobiliario en su fachada, otras mantienen una estética sobria y adusta de clara influencia castellana, aunque también existen afloraciones de la estética modernista en varias construcciones particulares.

4. El niño de porcelana
Nos desplazamos a la calle de arriba, llamada calle de San Antonio, que es paralela a la calle de San José y de aspecto similar en lo referido al trazado urbano de anchas aceras arboladas y la existencia de alguna casa con escudo nobiliario. Nos detenemos para contemplar la casa conocida popularmente como del «niño de porcelana».
El hecho de que los propietarios fueran un familia perteneciente a un estrato social elevado ocasionó que nacieran en el pueblo rumores y explicaciones diversas sobre las causas de su poca relación social, así como sobre el color blancuzco de su piel. Entre otros muchos, hubo comentarios acerca de su concepción y nacimiento, especulando que podría ser hijo de una de las criadas de la casa, de manera que para evitar señalamientos sociales no salía de su casa, no recibió nunca la luz del sol. Por ese motivo su piel se volvió blanca como la porcelana.
Es necesario prestar atención a las viviendas que lindan con esta construcción. Se observarán casas solariegas, con escudos nobiliarios, fiel reflejo del pasado ilustre de la ciudad. Si continuamos andando en dirección a la Basílica de la Purísima (en dirección contraria a la dirección del tráfico), encontraremos el Palacio de Justicia que en sus orígenes fue uno de los palacetes de engalanaban las calles de Yecla. Aún conserva en su fachada el escudo del Conde de la Vallesa y el de la familia Portillo.
5. El mudico
Continuamos andando por la calle de San Antonio hasta llegar a la esquina de la Basílica, denominada popularmente como Iglesia Nueva, donde se produce la intersección con la calle de San Francisco. Allí se sitúa la historia del «mudico». Un personaje real que aparece en las páginas del Prólogo de «La Voluntad», de José Martínez Ruiz «Azorín».
El texto azoriniano describe las labores de construcción de la Basílica de la Purísima. En la descripción irrumpe la figura de un niño, cuyo sobrenombre, «el mudico», aporta tanto una posible cualidad física como su vinculación a un estrato social bajo. El diminutivo empleado aproxima al lector a una zona geográfica concreta. La participación de niños en labores de esta naturaleza era una realidad en la época. Además, el nivel de mortandad en estos trabajos solía ser elevado, a pesar de que se hicieran con la mayor devoción y entrega. En este caso, Azorín nos deja con la incertidumbre y es el lector el que debe extraer sus propias conclusiones. ¿Murió o no murió «el mudico»?
La monumentalidad de la Basílica implica una parada obligatoria. A pesar de no haberse finalizado las obras, destaca el campanario neomudéjar y la cúpula peraltada, auténtico símbolo de la ciudad de Yecla. En su interior, las magníficas pinturas de la bóveda; las delicadas, elegantes y sobrias líneas de su arquitectura neoclásica; los altares marmóreos de algunas de sus capillas y el rico patrimonio iconográfico, destacando el grupo escultórico de la Virgen de las Angustias de Salzillo.
6. Diente negro, el penitente
Seguimos ascendiendo por la calle peatonal de San Francisco hasta llegar a la siguiente esquina. Giramos levemente hacia la derecha y contemplamos Iglesia del Niño Jesús. En sus inmediaciones se localiza la leyenda recopilada por primera vez por Pascual Giménez Rubio en el libro titulado «Memoria de apuntes para la historia de Yecla», publicado en 1865, que ha pervivido hasta la actualidad en la mitología yeclana.
La narración de este suceso truculento y de tintes sobrenaturales probablemente sea una de las leyendas más conocidas y transmitidas entre los habitantes de la ciudad. El relato no deja de ser un enfrentamiento entre el bien y el mal, donde el demonio se presenta para tentar y castigar a quien ha comenzado a darse a la buena vida. Al final, el arrepentimiento tiene su recompensa y es el que permite escapar de las garras de ese ser infernal. Como agradecimiento, el protagonista ofrecerá su vida a Dios con gran provecho para la comunidad. En consecuencia, resulta fácil extraer una moraleja: es necesario llevar una vida honrada, devota y de buenas costumbres para no tener un destino al lado del mal.
En ese entorno, hay que observar la Basílica desde otro ángulo, la Iglesia del Niño Jesús y los dos edificios que flanquean la calle de ascenso a la Plaza Mayor o del Ayuntamiento. Es esta una de las estampas más características de Yecla, puesto que los miradores de ambas construcciones enmarcan la Torre del Reloj y la Iglesia Vieja proporcionando una de las perspectivas más fotografiadas e identificativas de esta ciudad.
7. El agua y sus caras
Tras continuar el ascenso hasta la siguiente travesía, nos detendremos en ella y nos plantearemos un reto para encontrar elementos y pequeños detalles que se encuentran en las calles de las ciudades y pasan desapercibidos para propios y extraños.
Debido a la proximidad con la Comunidad Valenciana, llegó a Yecla la costumbre de incorporar a las viviendas unos elementos, considerados mágicos, que se adquirían en las fundiciones valencianas: las canaletas que servían para desaguar y expulsar el agua en época de lluvias. En aquellas fábricas se había hecho común incorporar determinados símbolos o rostros a ese elemento funcional, lo que les proporcionaba un valor decorativo y estético.
Las caras que asoman desde esas tuberías parecen adquirir un valor mágico y protector de las viviendas y de quienes las habitaban frente al demonio o los espíritus malignos y, a la vez, purificaban y bendecían un bien tan preciado en este territorio como es el agua. Son rostros que representan una simbología tanto cristiana como pagana y su traza parece vincularse con las antiguas gárgolas que protegían los templos católicos. No sorprende que, con la llegada del modernismo, este elemento se prodigara todavía más por el Levante español. «Caras del agua» son llamadas en Valencia o Alicante, «angelicos o espíritus del agua» son denominados en Yecla.
La calle Hospital, o las calles de Juan Ortuño, Colón, San José, San Pascual o San Ramón invitan a recorrerlas para observar algunas edificaciones con interesantes huellas del modernismo, tanto en la organización de las fachadas como en la rejería de las balconadas. El recorrido permite contemplar dos perspectivas de la ciudad: la del casco antiguo y la de expansión del siglo XVIII. Una buena ocasión par buscar algunas ‘caras del agua’.
8. La mitología y la muerte
La subida por la empinada calle llega hasta la Plaza Mayor. En este lugar, nos fijaremos en tres puntos con significados distintos. El primero de ellos se encuentra a la derecha, donde se sitúa el edificio del Ayuntamiento al que se le anexó el conocido como palacete de los Alarcos. Son construcciones de los siglos XVI y XVII y, debido a su antigüedad, se alzan como verdaderos testimonios de las ancianas creencias, supersticiones y simbologías de un pueblo, donde la muerte adquiere un especial protagonismo, como se puede comprobar en el entorno en que nos hallamos.
En la esquina del edificio del Ayuntamiento puede observarse la escultura de un hombre. Se trata del semidiós Hércules en la tradición romana, Heracles en la griega. Su cara, a pesar del desgaste de la piedra, muestra cierta tristeza y su mirada parece mirarnos a todos los que estamos en la plaza como ejemplo de valentía y de virtudes, con un afán protector, con la intención de combatir y matar a quien sea para protegernos… porque el mito y la muerte están aquí unidos.
En el interior del Ayuntamiento, en la escalera imperial que lleva al salón noble con magnífico artesonado se encuentra una de las imágenes religiosas más antiguas de la localidad. Es la imagen de una Virgen que, según la leyenda, fue hallada en el yacimiento romano de los Torrejones, se llevó a la ermita de San Roque y fue trasladada después al edificio de la Casa Consistorial. Desde entonces recibe a quienes acceden por aquí al Ayuntamiento.
9. La violencia hacia la mujer
Si nos giramos hacia la parte izquierda de la Plaza Mayor, observamos los soportales que se utilizaban para cobijarse de la lluvia o del frío. En este edificio se encontraba la lonja y, durante el siglo XVIII al menos, también un mesón. Al estar situados frente al Ayuntamiento, fueron testigos de todos los acontecimientos de la villa. Nos detenemos en uno en particular que, por desgracia tiene actualidad.
A finales del siglo XVIII, hubo en Yecla dos escribanos públicos llamados Alonso y Miguel Rafael Ortega. Eran hermanos y se caracterizaron por tener una forma de actuar bastante escandalosa. Solían ser irreverentes, con un trato poco respetuoso hacia los vecinos. El descontento fue tal que se decidió hacer una investigación por parte del Ayuntamiento. Acudieron testigos de toda clase social que contaban cómo habían sido tratados por Miguel Rafael. En la recogida de información se recopilaron varios testimonios horrorosos.
El texto original que reproduce estos testimonios es auténtico y se encuentra depositado en el Archivo Histórico Municipal. Demuestra cómo la vida cotidiana puede llegar a ofrecer situaciones terroríficas sin que sea necesaria la leyenda o el recurso a actuaciones sobrenaturales.
Desde la Plaza Mayor, centro neurálgico de la ciudad, es posible observar en su totalidad la belleza del edificio del Ayuntamiento, que aparece jalonado por otros edificios de planta más moderna, como el Mercado Central o la Casa de los Arcos, puesto que en Yecla conviven pasado y presente, tradición y modernidad…
10. Los romances del pueblo
Nos trasladamos al edificio donde se encuentra el otro tramo de los soportales y la Torre del Reloj, junto a la escultura que representa a un «tiraor», es decir, a una de las figuras identificativas de las Fiestas Patronales. En este lugar se solían recitar y vender publicaciones como el romance titulado «El suceso de la mala Madrastra», que relata un hecho macabro, truculento y aterrador.
Debido a las importantes imprentas que había en Yecla, vieron la luz muchos de estos romances desde el siglo XIX, que tendrían la efectividad que en la actualidad tienen las revistas del corazón y los llamados culebrones de televisión, series y telenovelas. Estos textos se solían imprimir y se vendían por poco dinero, lo que facilitaba que la gente más humilde los comprara, los leyera en su casa, los reprodujera a sus vecinos, los aprendiera y fueran incorporándose, poco a poco, a la literatura popular de carácter oral con ampliaciones e incorporaciones particulares.
De ellos, siempre se extraía una moraleja y conseguían extender una conciencia social sobre lo que estaba bien o mal. En el caso de Yecla, esta práctica estuvo vigente hasta los años sesenta del siglo XX. Popularmente eran conocidos como «romances de ciego».
En este punto, conviene fijarse en la Torre del Reloj y los soportales. Bajo ellos es posible observar restos de la antigua ermita de la Virgen de las Nieves. El edificio anexo funciona en la actualidad como auditorio municipal. En su interior, son de interés la techumbre de madera, las columnas de hierro fundido y el escudo de piedra, procedente de una vivienda situada en la actual calle Hospital, probablemente de la que había sido casa de Juan Florentín.
11. ¿Brujas y Hechiceras?… así es la vida
La ruta continúa hasta llegar a la afamada Iglesia Vieja. Conocido es el funcionamiento de la Inquisición, encargada de perseguir a infieles y brujas desde que se constituyó en la Edad Media, hasta que se deshabilitó ya en el siglo XIX. Así sucedió también en Yecla, aunque fue tal la actividad de las hechiceras en el siglo XVIII que este pueblo llegó a llamarse «Tierra de Brujas».
En la época referida, gran parte de estas mujeres vivían en calles cercanas al Arco de la calle Iglesia. Todas ellas eran conocidas por un apodo y dado que fueron denunciadas al Santo Oficio, gracias a esos procesos judiciales se ha podido tener información exacta y detallada sobre ellas. Estas mujeres pertenecían a un estrato social bajo, por lo que recurrir a la picaresca, realizar prácticas curativas alternativas y llevar cierta vida de libertinaje causaba recelos entre los habitantes de la villa. Además, poseían un fuerte carácter que las llevaba a enfrentarse incluso a los hombres con irreverentes insultos y maldiciones. La aparición de dolencias posteriores en sus oponentes les hacía perfectas hechiceras según la mentalidad de la época.
Disputas familiares, enfrentamientos entre vecinos, riñas infantiles que acaban en la discusión de los padres… o un enfrentamiento por un marido, todo ello aparece en los testimonios de la Santa Inquisición hoy convertidas en leyendas urbanas sobre las casas embrujadas de esta zona de la ciudad.
Desde aquí, divisamos la torre campanario de la Iglesia Vieja y sus frisos de rostros esculpidos en piedra, representando a individuos de los estamentos sociales de la época: la nobleza, el clero, el ejército y el pueblo llano. A unos pasos de allí se encuentra el Arco llamado tradicionalmente de Isabel la Católica. Recibió este nombre porque, al parecer, fue construido cuando los Reyes Católicos pasaron por la villa, acompañados probablemente de Cristóbal Colón, camino a Granada.
La casa contigua al arco conserva en su fachada una hornacina con la imagen de San Blas y es allí donde se celebran algunos de los actos de las populares fiestas en honor al santo, quizás las más antiguas de la ciudad. Se caracteriza esta celebración del mes de febrero por la elaboración de los llamados «panes benditos de San Blas». A partir de ahí se entra en el barrio de San Cristóbal, donde estaría localizada la judería y las familias de judeoconversos.
12. Un castillo de leyendas
El último punto de la ruta se encuentra en la cima del cerro del Castillo. La subida es sinuosa, pero resulta agradable para apreciar el pequeño pulmón verde de la ciudad, y las viviendas residenciales que, excavadas mayormente en la roca, proporcionan un paisaje pintoresco. En la ermita se veneran los patronos de la ciudad, el Cristo del Sepulcro y la Purísima Concepción. Las leyendas en torno a ellos fueron recogidas por el historiador Pascual Giménez Rubio, la primera y el franciscano fray Manuel Castaño, a principios del siglo XX, la segunda.
Es habitual que las imágenes de los patronos estén envueltas en sucesos sobrenaturales y milagrosos. En muchos de ellos, la visión del creyente o del escéptico permite hallar la explicación más adecuada según su conciencia.
En el cerro del Castillo, además de la ermita y la panorámica del casco urbano que se expande abrazando el pequeño cerro, se encuentran los restos arqueológicos del poblado islámico Yakka, la muralla y la fortaleza.
Y si decidimos subir al punto más alto de la roca, por el sendero que lleva a los restos de la fortaleza y el recinto amurallado, nos planteamos un reto… ¿Quién es capaz de encontrar la «mano del Señor»?




