El Monasterio de la Inmaculada Concepción, conocido popularmente como las "Monjas Concepcionistas", es un conjunto monumental fundado en el siglo XVII (1667) que constituye uno de los enclaves de clausura más significativos de la ciudad. La iglesia, de estilo barroco sobrio, presenta una planta de nave única cubierta con bóveda de cañón y lunetos, donde destaca especialmente su retablo mayor de estética neoclásica y la pureza de sus líneas arquitectónicas que invitan al recogimiento. El exterior se caracteriza por su severidad monástica, con muros de mampostería y una portada sencilla que apenas deja entrever la riqueza histórica que se custodia tras las rejas de la clausura.
En su interior, el patrimonio artístico es excepcional, destacando la presencia de importantes obras de imaginería y lienzos de temática religiosa. Uno de los elementos más valorados es el órgano histórico, así como las piezas vinculadas a la fundadora y la vida contemplativa de la orden. El convento conserva un claustro de proporciones armoniosas que articula las dependencias privadas de las religiosas. Este espacio ha logrado preservar una atmósfera de paz y silencio casi inalterada desde hace siglos, funcionando no solo como un centro espiritual, sino como un guardián de la memoria mudéjar y barroca de la arquitectura conventual murciana.