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El mudico

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Descripción

Continuamos andando por la calle de San Antonio hasta llegar a la esquina de la Basílica, denominada popularmente como Iglesia Nueva, donde se produce la intersección con la calle de San Francisco. Allí se sitúa la historia del «mudico». Un personaje real que aparece en las páginas del Prólogo de «La Voluntad», de José Martínez Ruiz «Azorín».

El texto azoriniano describe las labores de construcción de la Basílica de la Purísima. En la descripción irrumpe la figura de un niño, cuyo sobrenombre, «el mudico», aporta tanto una posible cualidad física como su vinculación a un estrato social bajo. El diminutivo empleado aproxima al lector a una zona geográfica concreta. La participación de niños en labores de esta naturaleza era una realidad en la época. Además, el nivel de mortandad en estos trabajos solía ser elevado, a pesar de que se hicieran con la mayor devoción y entrega. En este caso, Azorín nos deja con la incertidumbre y es el lector el que debe extraer sus propias conclusiones. ¿Murió o no murió «el mudico»?

La monumentalidad de la Basílica implica una parada obligatoria. A pesar de no haberse finalizado las obras, destaca el campanario neomudéjar y la cúpula peraltada, auténtico símbolo de la ciudad de Yecla. En su interior, las magníficas pinturas de la bóveda; las delicadas, elegantes y sobrias líneas de su arquitectura neoclásica; los altares marmóreos de algunas de sus capillas y el rico patrimonio iconográfico, destacando el grupo escultórico de la Virgen de las Angustias de Salzillo.
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